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viernes, 12 de noviembre de 2010

Aportes críticos a la crisis mundial del capitalismo


Crisis del Capital (II)

Por. Basem Tajeldine
@BasemTajeldine

Se acaba de celebrar una nueva convención del G-20 en Seúl, Corea del Sur. Grandes manifestación rodearon la cumbre exigiendo a los responsables de la crisis mundial que no sean los pueblos quienes paguen sus errores. Las falsas esperanzas y los llamados a la paciencia de los jefes de estados convocados fue el único consenso alcanzado. La cumbre del G.20 fue una burla. 

Sólo 2 posiciones se enfrentaron en la cumbre: los neoliberales y los keynesianos. Sólo en las calles de Seúl estaban los revolucionarios que exigían verdaderos cambios.


Para el argentino economista Claudio Katz, los keynesianos "destacan que el modelo actual contrajo los salarios, amplio el desempleo y ensancho la desigualdad social, hasta provocar un serio deterioro del poder de compra. Esta retracción afecta la demanda y potencia las recesiones." Katz subraya que "durante la posguerra, la evolución de la demanda estaba dictada por la mejora del salario, en la ultimas décadas ha quedado directamente conectada a la evolución de los préstamos”. Pero la realidad es otra. El neoliberalismo ha potenciado las contradicciones del sistema capitalista actual que exacerba el consumo a gran escala mientras golpea los ingresos de los trabajadores  y su estabilidad laboral. 

Luis Ignacio Lula Da Silva se equivocó cuando en la cumbre del G-20 solicitó que los países convocados recomponer el consumo interno para resolver la crisis, pero acertó cuando reconoce que esta crisis necesita ser enfrentada por los países de la periferia sustituyendo el dólar ($) como la moneda de reserva y de transacción mundial. 

Los economistas y apologistas del sistema pecan por absurdos cuando nos pintan la idea de la posibilidad del “reflote del capitalismo y el fin de los desequilibrios” mediante la ampliación del consumo, pero no saben cómo, y terminan por recurrir, como siempre, al salvataje bancario, las privatizaciones y a la devaluación. 

Pocos se percatan del divorcio radical  entre el discurso y la realidad. En Europa nadie sabe a donde va a parar la crisis. Además de los recortes salariales y el fin del vanagloriado Estado de Bienestar Social, la falta de flexibilidad que poseen los países de la zona euro para devaluar su moneda los lleva al atolladero. Hoy se habla con mucha fuerza sobre el fin del Euro.

Comunicado de Solidaridad con el pueblo Saharaui

Comunicado del Movimiento de Solidaridad con el Pueblo Saharaui,
de la República Bolivariana de Venezuela


Nosotros, los integrantes del Movimiento de Solidaridad con el Pueblo Saharaui  queremos expresar nuestra firme condena por los actos terroristas cometido por las tropas represivas del Reino de Marruecos al asaltar un campamento de civiles saharauí de Gdeim Izik en el Aiun causando la muerte de una veintena de personas, mas de 700 heridos y 500 desaparecidos. Así mismo, expresamos nuestra más sentida condolencias para con el pueblo y gobierno saharaui y reiteramos nuestra solidaridad y compromiso con la causa por la autodeterminación en los históricos territorios del Sahara Occidental.

Sabemos, el imperialismo y sus lacayos no cesan en sus agresiones contra los pueblos. En este difícil contexto de crisis mundial del capitalismo, el imperialismo norteamericano, sus aliados europeos, la entidad genocida de Israel y los gobiernos dependientes lacayos profundizan en sus acciones criminales de guerra y confiscación de tierras y recursos naturales, en la desesperada búsqueda de mayores beneficios para sus multinacionales y por las pretensiones expansionistas de los Estados cipayos.

La destructiva guerra contra los pueblos de Irak y Afganistán, las amenazas guerreristas sobre Irán y el holocausto palestino son muestras fehacientes de esa realidad. El pueblo saharaui no escapa al crimen y las pretensiones hegemónicas de las grandes potencias, aunque esta vez, las acciones criminales sean desarrolladas por el Reino de Marruecos, monarquía lacaya, reconocida aliada de Occidente y del sionismo internacional.

Las tierras saharaui, aunque a la vista parecieran no resguardar un atractivo geoestratégico y económico importante, la realidad es otra. No es un secreto que esas tierras concentran importantes riquezas minerales y prospectivas energéticas interesantes. Se conoce que los estudios hechos sobre esas tierras en el pasado arrojaron buenas señales prospectivas de yacimientos de gas y petróleo. Además, tampoco es un secreto para nadie, y menos aun para las grandes transnacionales, que las tierras del Sahara Occidental concentran la más grande reservas de fosfato del mundo. Ese desértico territorio perteneciente al pueblo saharaui se encuentra en las miras de los grandes poderes económicos, y el Reino de Marruecos hace de peón en ese macabro juego.

El Sahara Occidental no le pertenece a Marruecos. Es un territorio perteneciente al pueblo saharaui, reconocido por las Naciones Unidas a través de un dictamen por parte del Tribunal de la Haya, pero que hoy yace ocupado por el Reino de Marruecos desde el fin de la colonización española, cuando en 1975 las tropas del reciente fallecido dictador Franco dieron acceso libre a las fuerzas marroquíes al territorio saharaui. Además sin antes haber cumplido con el proceso legal de descolonización que establecía Naciones Unidas. España se retiró  España y literalmente entregó el Sahara occidental al Reino de Marruecos, y por esa razón tiene su cuota de responsabilidad en los crímenes que por más de 35 años han venido acometiendo las fuerzas represoras marroquíes contra los pueblos originarios. La ambigüedad y complicidad de España, del imperialismo norteamericano y la inoperancia de la ONU estimulan a Marruecos en continuar con sus políticas expansionistas.

En la actualidad, el territorio del Sahara Occidental se encuentra dividido por un muro de más de 2.000 Km. de largo que divide de norte a sur el Sahara Occidental. La zona al oeste del muro es el territorio ocupado por Marruecos, mientras que la zona al este del muro, una franja muy pequeña, lo resguarda el Polisario y es denominado como “territorios liberados”. En realidad el “muro de la infamia” cumple la función de aislar del mar al pueblo saharaui y a su gobierno negando así la posibilidad de una independencia económica real.

Más de 35 años de sufrimiento y espera por soluciones diplomáticas del conflicto que aqueja al pueblo saharaui han sido fracaso. El Pueblo Saharaui está agotando su paciencia y confianza en las negociaciones auspiciadas por la ONU. Se encuentra en peligro la solución por la vía pacífica para la solución del conflicto. Podría ocurrir una tragedia mucho mayor. 
La resistencia pacífica los saharauis en los territorios ocupados por Marruecos y el esfuerzo de supervivencia de ese pueblo en los campamentos de refugiados, demuestran su determinación en la lucha por la independencia y la autodeterminación del pueblo saharaui.
Nosotros, el pueblo de Bolívar y los pueblos rebeldes de Latinoamérica, estaremos siempre de su lado.

Viva la resistencia del pueblo saharaui! …. Venceremos!

Aportes al debate sobre la nueva política economíca socialista en Cuba

El modelo cubano

Claridad/Rebelión


El futuro será comunista o no será.
Slavoj Zizek

“El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros”, fue la controvertible manifestación de Fidel Castro Ruz, vertida en una entrevista suya con el periodista estadounidense Jeffrey Goldberg, publicada el 8 de mayo pasado en la revista The Atlantic. En medio del revuelo causado por la manipulación burda que hicieron los principales medios de comunicación occidentales, pretendiendo adjudicarle a dichas palabras el carácter de admisión del fracaso del socialismo en Cuba, pocos días después Fidel aclaró que su expresión había que entenderla en el contexto de la pregunta del periodista en el sentido de “si él creía que el modelo cubano era algo que aún valía la pena exportar”. Puesto así, la premisa inarticulada era que Cuba se dedicaba a exportar su Revolución a otros países. Sin embargó, abundó, “lo real es que mi respuesta significaba exactamente lo contrario”.

“Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos ni para el mundo, al que conduce de crisis en crisis, que son cada vez más graves, globales y repetidas, de las cuales no puede escapar. Cómo podría servir semejante sistema para un país socialista como Cuba”, concluyó.

La analista política estadounidense Julia Sweig, quien acompañaba a Goldberg en la entrevista al líder cubano, dio a conocer su propia interpretación, la cual recibió escasa atención de los medios capitalistas, pues decía lo que éstos no querían escuchar. Según ésta, efectivamente Fidel Castro: “No estaba rechazando las ideas de la Revolución. Lo veo como un reconocimiento de que bajo el modelo cubano el Estado ha tomado un rol demasiado grande en la vida económica del país ”.

¿Existen modelos? 

Lo cierto es que el líder cubano siempre ha dicho que cada país debe desarrollarse conforme a sus propias circunstancias, desde la experiencia de la Unidad Popular en Chile hasta la revolución de los sandinistas en Nicaragua, desde la revolución bolivariana de Venezuela hasta la revolución indigenista y comunitaria en Bolivia. No existen, pues, como tales, los “modelos”, lo que existen son las experiencias históricas concretas, las cuales no se dejan reducir a abstractos marcos conceptuales. En todo caso, si algo habría que puntualizar es el carácter de “antimodelo” de la experiencia histórica cubana.

Pero, alguien honestamente cree que un país que se ha visto forzado a vivir los pasados 50 años bajo una economía de guerra, producto del más criminal bloqueo, junto a las continuas agresiones, sabotajes y presiones, puede desarrollar efectivamente un modo de gestión de su economía aún adecuada a sus propias necesidades cotidianas y aspiraciones de progreso social. ¿Puede un país bajo esas condiciones crear tan siquiera su propio modelo?

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba por Washington ha sido el más cruel y despiadado que se haya conocido en la historia mundial. Su objetivo, como no han dejado de ocultar sus promotores, es la destrucción de la Revolución cubana mediante la creación de dificultades y penurias económicas que impida satisfacer las necesidades del pueblo, incluyendo el ofrecimiento de salarios reales, con la expectativa que ello hundirá al pueblo en la desesperanza y facilite el derrocamiento del gobierno revolucionario.

El daño económico directo que dicho bloqueo le ha producido a Cuba supera los 82 mil millones de dólares, a un promedio anual de $1,782 millones. A esta cifra habría que añadir los sobre 54 mil millones de dólares por, entre otros, daños directos causados a objetivos económicos del país por la privación de fuentes de financiamiento o suministro internacionales para sus procesos de producción, así como los sabotajes y acciones terroristas promovidas y financiadas desde territorio estadounidense.

Sin embargo, decía Raúl Castro en una reunión de campesinos cubanos celebrada en febrero de 2008: “Somos conscientes de los enormes esfuerzos que requiere fortalecer la economía, premisa imprescindible para avanzar en cualquier otro ámbito de la sociedad, frente a la verdadera guerra que libra el gobierno de los Estados Unidos contra nuestro país. La intención es la misma desde el triunfo de la Revolución: hacer sufrir todo lo posible a nuestro pueblo hasta que desista de la decisión de ser libre. Es una realidad que lejos de amilanarnos debe seguir haciendo crecer nuestra fuerza. En lugar de utilizarla como excusa ante los errores, debe ser acicate para producir más y brindar mejor servicio, para esforzarnos por encontrar los mecanismos y vías que permitan eliminar cualquier traba al desarrollo de las fuerzas productivas y explotar las importantes potencialidades que representan el ahorro y la correcta organización del trabajo”.

En ese sentido, Cuba no espera ni puede esperar por el fin del criminal bloqueo con el que Washington le ha victimizado para solucionar los serios problemas que le aquejan internamente. De ahí que a los sucesivos procesos de autocrítica y cambios que ha vivido el país antillano, se le ha sumado el más reciente, el cual dio inicio en noviembre de 2005 con un discurso de Fidel Castro en la Universidad de La Habana en el que advirtió cándidamente de los peligros a los que se enfrenta el futuro de la Revolución cubana, sobre todo por las consecuencias éticas que está teniendo sobre la Isla el mal funcionamiento de su propio “modelo económico”. A los pocos días hizo otras sorprendentes declaraciones en una intervención televisiva en las que, sin pelos en la lengua, denunció que en Cuba “los que mejor viven son los que menos trabajan”.

Por la reinvención del modo socialista de vida 

Sin embargo, ¿puede esta crítica al llamado “modelo económico” cubano entenderse como una descalificación de todo un proceso de cambio revolucionario que ha vivido ese país desde 1959? Más bien constituye el inicio de una nueva etapa de cambios económicos y sociales que persiguen el perfeccionamiento de su propia experiencia y la reinvención imperativa del modo socialista de vida, no sólo compelido por sus propias realidades sino que obligado también por los fracasos de las experiencias del socialismo real europeo y los controvertibles resultados ético-sociales del llamado “socialismo de mercado” seguido por China y Viet Nam.

A fines de diciembre de 2007, Raúl Castro Ruz se unió con firmeza a las críticas de su hermano al exigirles a los funcionarios gubernamentales más eficiencia y menos excusas a la hora de enfrentar los serios problemas económicos y sociales que aquejan al país. Sentado al lado de la silla vacía de su hermano, quien se hallaba enfrentando una grave condición de salud, el nuevo presidente cubano reclamó ante una sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular: “De justificaciones estamos cansados en esta Revolución”. Exigió total transparencia en la gestión estatal y repitió las palabras de Fidel: “Revolución es no mentir jamás”.

En otra comparecencia suya en julio de 2008 ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el mandatario cubano llamó a combatir la explotación “del buen trabajador por el que no lo es”, lo que sería el objetivo pivotal de lo que llamó la necesaria y urgente “actualización del modelo de gestión de la economía cubana”. Ahora bien, en otra intervención suya ante el Parlamento cubano, de 20 de diciembre de 2009, Raúl Castro advirtió contra las tentaciones de la prisa y la improvisación.

“Tengo conciencia de las expectativas y honestas preocupaciones, expresadas por los diputados y los ciudadanos en cuanto a la velocidad y profundidad de los cambios que tenemos que introducir en el funcionamiento de la economía, en aras del fortalecimiento de nuestra sociedad socialista”, y seguidamente añadió: “En este sentido me limito, por ahora, a expresar que en la actualización del modelo económico cubano, cuestión en la que se avanza con un enfoque integral, no puede haber espacio a los riesgos de la improvisación y el apresuramiento . Es preciso caminar hacia el futuro, con paso firme y seguro, porque sencillamente no tenemos derecho a equivocarnos” .

El pasado 4 de abril, el presidente cubano lanzó el reto para la reestructuración laboral y financiera de la economía cubana para una más eficaz producción y distribución de riquezas: “Sin una economía sólida y dinámica, sin eliminar gastos superfluos y el derroche, no se podrá avanzar en la elevación del nivel de vida de la población, ni será posible mantener y mejorar los elevados niveles alcanzados en la educación y la salud que gratuitamente se garantizan a todos los ciudadanos”. Concluyó que el Estado cubano está forzado a gastar conforme a los medios producidos por su sociedad y advirtió: “ Continuar gastando por encima de los ingresos significa comernos el futuro y poner en riesgo la supervivencia de la revolución”.

Sin embargo, fue el 1 de agosto, en un nuevo mensaje ante la Asamblea Nacional del Poder Popular que el mandatario hizo el anuncio definitivo de esta nueva etapa de cambios económicos y sociales con el propósito de perfeccionar el sistema socialista. Informó que la economía y el sistema financiero del país parecen entrar en un repunte que permite dejar atrás los efectos negativos de, entre otros, la recesión económica global de 2008 y los daños causados por varios huracanes. Ello facilita la puesta en marcha de lo que calificó “un cambio estructural y de conceptos”.

Un reordenamiento laboral y tributario 

El cambio persigue como objetivo inmediato un reordenamiento laboral y tributario que suprima “los enfoques paternalistas que desestimulan la necesidad de trabajar para vivir y con ello reducir los gastos improductivos”. Para ello hace falta apelar a la clase obrera cubana para que comprenda que “sin el aumento de la eficiencia y productividad es imposible elevar salarios, incrementar las exportaciones y sustituir importaciones, crecer en la producción de alimentos y en definitiva sostener los enormes gastos sociales propios de nuestro sistema socialista”. Sólo así se podrá garantizar la máxima socialista de que cada cual aporte según su capacidad y reciba conforme a su contribución a la sociedad.

El reordenamiento laboral requiere de una evaluación y reducción de plantillas en el gobierno y los centros de producción para superar la costosísima e improductiva inflación actual de plantillas que sólo servía para disfrazar el desempleo o el subempleo; la autorización para el desarrollo de negocios privados en 178 áreas; la ampliación de las licencias para el trabajo por cuenta propia, incluyendo la contratación por particulares de mano de obra, con las debidas regulaciones laborales, lo que hasta el momento sólo se permitía en el sector agrario; la autorización de la comercialización de la producción generada por estas actividades privadas; y el pago de un impuesto escalonado, en pesos cubanos, sobre la renta para los autoempleados y los pequeños empresarios privados. Los nuevos impuestos persiguen un propósito regulador para evitar concentraciones indeseadas de riquezas y el uso indebido de trabajo asalariado. Sin embargo, también se espera que constituya una aportación para sufragar los gastos sociales del Estado en material de educación y salud, entre otros.

La ampliación de lo que se ha llamado “los cuentapropistas”, que en la actualidad ya llegan a cerca de 150,000, persigue absorber parte de los 500,000 trabajadores que, en una primera etapa, serán cesanteados como parte de un proceso necesario de sana depuración de la clase trabajadora cubana con estrictos criterios de “idoneidad”, es decir, necesidad y productividad. La “idoneidad” será determinada por una “comisión de expertos”, con participación de representación sindical, de la administración y los trabajadores del centro laboral. Se estima que en etapas sucesivas de la reestructuración laboral planteada, la cantidad de cesanteados y reubicados podrá llegar al millón trescientos mil.

Dichas cifras le ponen los pelos de punta a cualquiera, sobre todo por los efectos sociales y económicos devastadores que procesos similares de despidos masivos han tenido en otros contextos y la incapacidad real de la esfera privada para absorber los desplazados. Pero, según el presidente cubano, nadie debe quedar abandonado a su suerte como resultado de las transformaciones laborales. Los cesanteados podrán seguir contando con el seguro por desempleo, aunque éste ha sufrido unas revisiones. En vez de la cobertura por tiempo indefinido que ha existido hasta el momento, en las nuevas circunstancias el cesanteado recibirá durante cinco meses una compensación máxima de 60 por ciento del salario si llevase sobre 30 años de servicio. La compensación será menos para los de menor antigüedad. Si el cesanteado rechaza cualquier oferta empresarial de reubicación, se entiende concluida de inmediato la relación laboral, así como la cobertura del seguro por desempleo.

No ajeno a los peligros potenciales que encierran estos cambios, sobre todo por el efecto inmediato que tendrá para la seguridad y bienestar de miles de cubanos, Raúl Castro insiste en la imperiosa transparencia que tiene que caracterizar todos los procesos de implantación, incluyendo un estricto control sindical en la restructuración de las plantillas laborales para que las determinaciones se hagan en los méritos y no medien favoritismos o discriminaciones de índole alguna. Asimismo, puntualizó que hará falta igualmente una reestructuración del Estado para que su acostumbrado “paternalismo” o dirigismo centralista no obstaculice la puesta en marcha de este proceso de descentralización socioeconómica.

Los riesgos 

Los riesgos, como bien apuntó el mandatario cubano, no son inventados pues “ no deja de ser curioso que, coincidiendo con el anuncio de esta política de descentralización y apoyo a nuevas iniciativas económicas, la gubernamental Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) anunciara el ‘ofrecimiento’ de tres millones de dólares para la promoción de la pequeña empresa en Cuba entre ‘grupos marginados’. Sin duda la Revolución le seguirá muy de cerca la pista a esta ‘ayuda envenenada’, un nuevo intento de ‘potenciar la sociedad civil’ de acuerdo a la experiencia en otras geografías”.

Sin embargo, también hay otros riesgos como los señalados recientemente por la científica social cubana Camila Piñeiro Harnecker (Riesgos de la expansión de empresas no estatales en la economía cubana y recomendaciones para evitarlos, www.rebelion.org, 11 de octubre de 2010). Según ésta, el riesgo mayor es que al privilegiar formas individuales y privadas por encima de las colectivas para generar los empleos que deberán absorber a más de un millón de trabajadores, se está promoviendo la expansión de prácticas y valores capitalistas. Ello sirve para ir orientando la actividad económica hacia la ganancia privada “en lugar de hacia la satisfacción de intereses sociales”.

Piñeiro Harnecker, hija de quien en vida fue uno de los más reconocidos dirigentes históricos de la Revolución, Manuel Piñeiro Losada, y la prominente intelectual marxista chilena, Marta Harnecker, advierte que “es la propia lógica del funcionamiento de los mercados lo que generalmente no le permite a la empresa orientar sus actividades acorde a los intereses sociales”. Es por ello que “incentivar la maximización de beneficios individuales –la justificación que generalmente se utiliza para promover las relaciones mercantiles– no es equivalente a promover ni siquiera la satisfacción de necesidades materiales básicos”.

La alternativa, según Piñeiro Harnecker, es “promover el control social de las empresas no estatales por gobiernos locales y sus ciudadanos”. Abunda al respecto: “Pero un sistema de mercado no es la única alternativa a la planificación autoritaria. Varios economistas han apuntado a cómo pueden diseñarse instituciones que promuevan y faciliten relaciones de intercambio horizontal con una lógica compatible con el interés social, es decir, relaciones de intercambio no mercantiles. En lugar de aceptar a las relaciones mercantiles como ineludibles –dada las indiscutibles ventajas de las relaciones de intercambio horizontales (rapidez, flexibilidad, posibilidad de elegir entre distintas opciones) y la inefectividad de la planificación autoritaria– es posible establecer una síntesis superior que combine las ventajas de las actividades descentralizadas con las ventajas de que esas actividades estén guiadas por intereses sociales definidos en los territorios y grupos sociales donde ellas impactan. Esto no es más que hacer que las empresas, estatales o no, operen bajo una lógica que premie los comportamientos socialmente responsables y penalice los que atenten contra el interés social”.

Concluye que más allá de la forma estatal y la forma privada, existen otras formas empresariales democráticas y socializantes que son más prometedoras desde la perspectiva de la construcción de una sociedad más justa y humana: la empresa autogestionada o cogestionada por los mismos productores, así como la empresa cooperativista.

Trascender la forma-valor del mercado
 
El reto que encara Cuba desde 1959 para construir una sociedad que supere definitivamente las lacras tanto del neocolonialismo como del capitalismo, es el de trascender la forma-valor propia del mercado capitalista hacia la forma-comunidad como eje democratizante del proceso social de producción y distribución. En ello radica la esencia de la propuesta comunista, no como ideal o ideología, sino como horizonte empírico del movimiento real que asume la historia ante el agotamiento y debacle del orden civilizatorio capitalista.

Quien mejor lo entendió fue Ernesto Che Guevara cuando a comienzos de la Revolución cubana, a propósito de su crítica visionaria del socialismo real europeo y el anticipo de su crisis inminente, sentenció: “Con la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés individual como palanca, etcétera) se puede llegar a un callejón sin salida”.

Según el Che, en medio de las debilidades estratégicas propias del periodo inicial de la Revolución bolchevique, Lenin se equivocó cuando accedió a iniciar la construcción del socialismo con el Nuevo Plan Económico, el cual le otorgó una centralidad a la ley del valor y a sus mecanismos de desarrollo. La Revolución bolchevique arrancó así con “un cierto sentimiento de inferioridad frente a los capitalistas” (Apuntes críticos a la economía política, Ocean Sur, La Habana, 2006).

No hay usos inocentes y asépticos de las lógicas capitalistas de organización y producción social, insistió el Che. Es una ilusión creer que se pueden controlar para que no desemboquen en las asimetrías económicas y desigualdades sociales de siempre. Para el cálculo económico del capital, la producción de riqueza está reñida con la potenciación de libertad. De ahí que bajo el modelo soviético la producción de riqueza progresivamente se fue divorciando de su socialización material, tanto en el ámbito de la distribución equitativa como de la decisión política. Se creyó que bastaba con la estatización de los medios de producción y de distribución. El socialismo real europeo advino así en un capitalismo monopolista del Estado.

Hacia nuevas formas de propiedad social 

Romper con ese modelo hiperestatizado surgido de la experiencia soviética constituye uno de los mayores imperativos del momento para la potenciación de nuevas experiencias históricas de construcción de lo común. Sobre ello nos dice el reconocido politólogo argentino Atilio Boron en su nueva obra titulada Socialismo del Siglo XXI: ¿Hay vida después del neoliberalismo?: “Uno de los problemas más serios que tuvo la experiencia soviética, y todas las que en ella se inspiraron, fue el de confundir propiedad pública con propiedad estatal. Uno de los desafíos más grandes del socialismo del siglo XXI será demostrar que existen formas alternativas de control público de la economía distintas a las del pasado”.  

Pero es menester inventar para no seguir errando. Por ello insiste Boron : “No hay modelos por imitar. El neoliberalismo impuso el ‘pensamiento único’ sintetizado en la fórmula del Consenso de Washington. Pero hay otro ‘pensamiento único’: el de una izquierda detenida en el tiempo y que carece de la audacia para repensar y concretar la construcción del socialismo rompiendo los moldes tradicionales derivados de la experiencia soviética. ¿Por qué no pensar en un ordenamiento económico más flexible y diferenciado, en el que la propiedad estatal de los recursos estratégicos y los principales medios de producción –cuestión esta no negociable– conviva con otras formas de propiedad pública no estatal, o con empresas mixtas en las que algunos sectores del capital privado se asocien con corporaciones públicas o estatales, o con firmas controladas por sus trabajadores en asociación con los consumidores, o con cooperativas o formas de ‘propiedad social’ de diverso tipo –como las que se están impulsando en la Venezuela bolivariana– pero ajenas a la lógica de la acumulación capitalista? ”.

Por ejemplo, más allá de las formas empresariales auto o cogestionadas o las cooperativas, emergen otras formas de organización de la producción para apuntalar las experiencias de lo común en estos tiempos. Es el caso de la “empresa de producción social” que se ha estructurado en Venezuela como instrumento del llamado “socialismo del siglo XXI”, cuyo propósito es incorporar a las comunidades en la gestión democrática de la economía. Asimismo, en la economía global ha surgido incluso una nueva modalidad de empresa privada llamada “Corporación B”, dedicada a operar con fines sociales y comunes, y no individuales, en lo que se conoce como la “nueva economía verde”.

Sin embargo, si subsiste aún un talón de Aquiles al interior del proyecto histórico de lo común es el de la dependencia en la forma-mercado como eje primordial del periodo de transición hacia la nueva sociedad poscolonial y poscapitalista. Ello incluye la fijación en la forma privada de producción social como única alternativa a la forma estatal, así como en la miope reducción de la propiedad social a la propiedad estatal.

Hay que admitir que estamos ante una manifestación de la pobreza teórica y práctica de la que aún adolece el proyecto comunista. Mientras no se entienda que hay vida de lo común más allá de lo privado e, incluso, de la esfera de lo público como instancia centralizada y burocratizada de mando político que está por encima de la sociedad, se seguirá reproduciendo las mismas relaciones sociales y políticas alienantes del orden que se aspira a enterrar.

El reto de una economía política de lo común 

Según advierte el teórico social ruso Alexander V. Buzgalin en su obra El futuro del socialismo: “El socialismo, a fines del siglo XX, perdió con el capitalismo incluso en el terreno de la teoría. Sin jugar hasta el final este ‘partido’; sin dar una explicación - suya - más precisa, más perspectiva, de las leyes del actual mundo global que las elaboradas por el liberalismo burgués y por el post-modernismo; sin repensar dialécticamente (de manera positiva, que conserve lo positivo) y criticando al Marxismo, sin crear una teoría del socialismo del siglo XXI, marcharemos como a ciegas, por el método de pruebas y errores y … perderemos”.

Precisamente, en ausencia de modelos alternativos centrados en la construcción de lo común, no son pocos los que intentan convencer al gobierno cubano de las bondades del “socialismo de mercado” de los chinos, una neoliberalización más limitada bajo el control del Estado y el Partido gobernante, como una alternativa real para la reestructuración de su propio modelo económico, sobre todo por sus evidentes éxitos macroeconómicos.

Sin embargo, según el economista cubano Omar Everleny su país se encamina hacia el desarrollo de un modelo propio más descentralizado que sirva para “estimular las fuerzas productivas”. Y según el profesor de la Universidad de La Habana y vicedirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana, si bien no se estará adoptando in toto el modelo chino o el vietnamita, por las diferencias que existen entre las realidades respectivas, sí se estarán aplicando algunas experiencias de ambos casos.

Ahora bien, hay quienes como Martin Hart-Landsberg y Paul Burkett (China, entre el socialismo real y el capitalismo: Reformas de mercado y luchas de clases, Centro Internacional Miranda, Caracas, 2007) advierten sobre las particularidades históricas concretas de la experiencia china y las problemáticas consecuencias sociales de sus políticas económicas.

“Al intentar vencer a los neoliberales con sus propias herramientas, los progresistas han perdido de vista la observación marxista básica que el desarrollo capitalista implica la alienación social de los trabajadores de las condiciones necesarias de la producción, incluidas las condiciones naturales, y la conversión de dichas condiciones y de la fuerza de trabajo de los obreros en medios para la producción de mercancías a fin de obtener beneficios. En otras palabras, se pierde de vista el hecho de que la producción capitalista es explotadora de clases y se fundamenta en una clase alienada”, señalan los economistas estadounidenses.

Es hora de comprender que no hay mejor palanca para el desarrollo y la producción de riqueza que una democracia radical, es decir, la participación activa de todos los miembros de la sociedad como protagonistas de los procesos decisionales de su comunidad, incluyendo los relativos a la producción social y la distribución de sus frutos. En fin, no hay otro modo de potenciar la emergencia histórica de lo común en estos tiempos que no sea a partir del parto de una economía política de lo común, es decir, como gestión colectiva que encarne la capacidad común de producir y reproducir lo social dentro de un marco societal heterodeterminado.

He ahí el reto de cualquier reestructuración económica y social como la emprendida actualmente en Cuba. Y como tantas veces han advertido sus dirigentes, lo que está en juego es nada menos que el futuro de su Revolución.


* El autor es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño “Claridad”. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 11 de noviembre de 2010

artículos sobre la Islamofobia

Las tres interminables guerras de Occidente contra el resto del mundo
Las mentiras de la islamofobia (Cruzada 2.0)

TomDispatch.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Los musulmanes eran sanguinarios y traicioneros. Lanzaron un ataque sorpresa contra el ejército francés y masacraron a todos y cada uno de los soldados, 20.000 en total. Hace más de mil años, en los pasos de montaña de España, la horda musulmana acabó con los mejores soldados al mando de Carlomagno, incluido su valiente sobrino Roland. Después, según el famoso poema que inmortalizó la tragedia, Carlomagno se cobró su venganza derrotando de forma aplastante a todo el ejército musulmán. 
 
La Chanson de Roland, un poema épico escrito en verso en el siglo XI acerca de una batalla acaecida en el siglo VIII, es un elemento fundamental en las clases sobre civilización occidental en los institutos de todo el país. Una “obra maestra de drama épico”, en palabras de la afamada traductora Dorothy Sayers, que ofrece un prólogo útil a los estudiantes antes de que se pongan a ahondar en lecturas sobre las Cruzadas que comenzaron en 1095. Y algo más inquietante aún, el poema ha educado a generaciones de judeo-cristianos para que consideren a los musulmanes como pérfidos enemigos que una vez amenazaron los cimientos mismos de la civilización occidental.

Sin embargo, el problema es que toda la epopeya está construida sobre una curiosa falsedad. El ejército que cayó sobre Roland y sus soldados francos no era musulmán en absoluto. En la batalla de verdad, allá por el año 778, los asesinos de los francos fueron vascos cristianos furiosos con Carlomagno por el pillaje perpetrado en su ciudad, Pamplona. No hubo epopeya alguna, la batalla surgió de una disputa parroquial en las complejas guerras de la España medieval. Más tarde cuando reyes y papas y caballeros se prepararon para guerrear en la Primera Cruzada, un poeta anónimo readaptó el texto para que sirviera a las necesidades de una emergente guerra santa de la cruz contra la media luna.

De forma similar, pensamos en las cruzadas como el arquetipo del “choque de civilizaciones” entre los seguidores de Jesús y los seguidores de Mahoma. En realidad, en la versión popular de esas Cruzadas, el adversario musulmán tomará el lugar de una serie notable de pueblos a los que los Cruzados consideraban enemigos, incluidos los judíos asesinados en los pogromos camino de Tierra Santa, los católicos rivales masacrados en los Balcanes y en Constantinopla, y los herejes cristianos cazados en el sur de Francia.

Muchos siglos después, durante la Guerra Fría, los fabricantes de mitos en Washington realizaron algo parecido, sustituyendo un grupo monolítico etiquetado “comunistas sin dios” por un grupo disparatado de nacionalistas anti-imperiales en un intento de transformar conflictos en lugares remotos como Vietnam, Guatemala e Irán en luchas épicas entre las fuerzas del Mundo Libre y las Fuerzas del Mal. En años recientes, la administración Bush hizo de nuevo otro tanto al representar a los nacionalistas árabes como diabólicos fundamentalistas islámicos cuando invadimos Iraq y nos preparamos para derrocar el régimen de Siria.

La construcción de mitos similares prosigue actualmente. La reciente aparición de la islamofobia en Estados Unidos se ha hecho fuerte a partir de varias suplantaciones inauditas. Un presidente claramente cristiano se ha convertido en musulmán en las mentes de un importante número de estadounidenses. El amable erudito islámico Tariq Ramadan se ha trastocado en un fundamentalista de libro en los escritos de Paul Berman y otros. Y un centro islámico en el bajo Manhattan, proyectado por partidarios del diálogo interreligioso, ha devenido en una “mezquita extremista en la Zona Cero” en las apariciones en televisión, en los discursos políticos y en los petardeos de Internet de una determinada camarilla de activistas de extrema derecha.

Esta transformación del Islam en una violenta caricatura de sí mismo –como si Ann Coulter se hubiera transformado de repente en el rostro del cristianismo- se produce en una coyuntura un tanto extraña en Estados Unidos. Los crímenes del odio y la retórica anti-islámica, que se dispararon de inmediato tras el 11 de septiembre de 2001, han ido menguando. Ningún ataque terrorista importante se produjo en EEUU o Europa desde las bombas de Londres en 2005. El actual presidente estadounidense ha tendido la mano al mundo musulmán y ha retirado el controvertido acrónimo GWOT [siglas en inglés de “Guerra Global contra el Terror”].

Es decir, que todos los elementos parecían estar en su lugar para que pudiéramos pasar página en uno de los capítulos más negros de nuestra historia. Sin embargo, parece como si nos hubiéramos quedado estancados en el siglo XI en una perpetua batalla de “nosotros” contra “ellos”. Como muertos vivientes que no paran de salir de su ataúd, nuestras anteriores “Cruzadas” no desaparecen nunca. En efecto, todavía parece que seguimos combatiendo las tres grandes guerras del milenio, aunque dos de esos conflictos hayan acabado hace tiempo ya y el tercero se haya, retóricamente, reducido a “operaciones de contingencia en el exterior”. Las Cruzadas, que finalmente se agotaron en el siglo XVII, continúan moldeando hoy nuestra imaginación global. La Guerra Fría terminó en 1991, pero los elementos clave del credo anticomunista aparecen desastrosamente injertados en el nuevo adversario islamista. Y la Guerra Global contra el Terror, que el Presidente Obama renombró silenciosamente poco después de llegar, se ha plagado de metástasis con las guerras que su administración prosigue en Afganistán, Pakistán, Iraq, Yemen y otros lugares.

Quienes en Europa y en Estados Unidos jalean esas guerras afirman que están difundiendo una llamada de atención sobre la continuada amenaza de al-Qaida, los talibanes y otros militantes que reivindican la bandera del Islam. Sin embargo, lo que realmente mantiene despiertos por la noche a los islamófobos no son los marginales y de aspecto atrasado fundamentalistas islámicos sino más bien la creciente influencia económica, política y global de la corriente mayoritaria y moderna del Islam. Abundan los ejemplos del Islam lidiando con éxito con la modernidad, desde la nueva política exterior de Turquía y la fuerza económica de Indonesia a los partidos políticos islámicos participantes en las elecciones en el Líbano, Marruecos y Jordania. Sin embargo, en lugar de tranquilizar, esas tendencias sólo incitan a los islamófobos a intensificar sus batallas para “salvar” la civilización occidental.

Mientras nuestras inacabadas guerras sigan ardiendo en la conciencia colectiva –y siguen causando estragos en Kabul, Bagdad, Sanaa y las Zonas Tribales de Pakistán-, la islamofobia dejará sentir su impacto en nuestros medios, en la política y en la vida cotidiana. Sólo si ponemos fin con decisión a las Cruzadas del milenio, a la Guerra Fría que duró medio siglo y a la década larga de Guerra contra el Terror (cualquiera que sea su nombre) superaremos la peligrosa división que tantas vidas se ha llevado, tanta riqueza ha malgastado, además de distorsionar la comprensión misma de nuestro ser occidental.

Las Cruzadas continúan

Con su miedo irracional a las arañas, los aracnófobos sienten terror tanto de inofensivos zancudos como de las venenosas arañas ermitañas marrones. En casos extremos, un aracnófobo puede ponerse a sudar con sólo mirar fotos de arañas. Desde luego, es razonable ponerse a buen recaudo de las viudas negras. Sin embargo, lo que hace que un temor legítimo se convierta en una fobia irracional es la tendencia a englobar a cualquier grupo, arañas o humanos, en una categoría letal y después exagerar la amenaza que representan. Después de todo, las picaduras de araña son responsables como máximo de un puñado de muertes al año en Estados Unidos.

De forma similar, la islamofobia es un miedo irracional al Islam. Sí, ciertos fundamentalistas musulmanes han sido responsables de ataques terroristas, ciertos fantasiosos acerca de un “califato global” siguen conspirando ataques sobre percibidos enemigos y ciertos grupos como los talibanes de Afganistán y al-Shabaab en Somalia practican versiones medievales de la región. Pero los islamófobos confunden estas pequeñas partes con el todo y después ven yihad terroristas bajo cada almohada islámica. Y rompen a sudar ante la mera foto de un imam.

Los miedos irracionales tienen a menudo sus raíces en nuestras débilmente recordadas infancias. De forma parecida, nuestro miedo irracional ante Islam parece tener su origen en acontecimientos que sucedieron en los primeros días del cristianismo. Hay tres mitos que se han heredado de la era de las Cruzadas y que constituyen el núcleo actual de la islamofobia: los musulmanes son intrínsicamente violentos, los musulmanes quieren adueñarse del mundo y no se puede confiar en los musulmanes.

El mito del Islam como “religión de la espada” fue un elemento básico en el arte y en la literatura de las Cruzadas. De hecho, las atrocidades cometidas por los dirigentes y ejércitos musulmanes –y hubo algunas- apenas alcanzaron a rivalizar con las matanzas de los cruzados, que volvieron a tomar Jerusalén en medio de un verdadero baño de sangre. “Los montones de muertos causaron un problema inmediato a los conquistadores”, escribe Christopher Tyerman en God’s War [La guerra de Dios]. “Gran parte de la población superviviente musulmana se vio obligada a limpiar las calles y trasladar los cadáveres fuera de las murallas para quemarlos en grandes piras, ante las que ellos mismos fueron masacrados”. Los judíos de Jerusalén sufrieron un destino similar cuando los cruzados los quemaron vivos en su principal sinagoga. Por el contrario, cuatrocientos años antes, el Califa “Omar no pasó a nadie por la espada cuando tomó Jerusalén, firmando un pacto con el patriarca cristiano Sofronio por el que se comprometió a “no coaccionar a nadie en base a la religión”.
El mito de los inherentemente violentos musulmanes perdura. El Islam “enseña la violencia”, según proclamó en 2005 el televangelista Pat Roberson. “El Corán enseña la violencia y la mayoría de los musulmanes, incluidos los supuestos musulmanes moderados, creen abiertamente en la violencia”, fue lo que escribió el Teniente General Jerry Curry (retirado del ejército estadounidense) que sirvió con las administraciones de Carter, Reagan y Bush padre.

Los cruzados justificaron su violencia con el argumento de que los musulmanes estaban dispuestos a adueñarse del mundo. En sus primeros días, el imperio islámico en expansión imaginó en efecto una dar-es-Islam [Casa del Islam] cada vez mayor. Sin embargo, en la época de las Cruzadas, ese estallido inicial de entusiasmo por la guerra santa se había agotado hacía tiempo. Además, el occidente cristiano albergaba su propia serie de deseos en lo que se refería a extender la autoridad del Papa a cada rincón del planeta. Incluso aquel temprano creyente en el poder suave que fue Francisco de Asís, se sentó con el Sultán al-Kamil durante la quinta Cruzada para tratar de liquidar el Islam a través de la conversión.

Actualmente, los islamófobos describen la construcción de la Casa de Córdoba en el bajo Manhattan como otra intentona del milenio: “Esto es parte de la expansión y dominio islámico”, escribe la blogger de derechas Pamela Geller, que convirtió la “Mezquita en la Zona Cero” en una obsesión de los medios. “El Islam es una religión con una gran agenda política”, advierte el ex musulmán Ali Sina. “El objetivo último del Islam es gobernar el mundo”.

Esos dos mitos –el de la inherente violencia y el de las ambiciones globales- llevaron a la firme convicción de que los musulmanes eran por naturaleza poco fiables. Robert de Ketton, un traductor del Corán del siglo XII, hablaba mal del Profeta Mohamed en la forma habitual diciendo: “Como eres un embustero, te contradices a ti mismo en todo”. La sospecha de falta de honradez la asumió también cualquier cristiano que tuvo posibilidad de coexistencia con el Islam. Por ejemplo, el Papa Gregorio creía que el Cruzado Federico II, en el siglo XIII, era el mismo Anticristo porque había desarrollado estrechas relaciones con los musulmanes.

Para los islamófobos de hoy, los musulmanes de fuera son igualmente terroristas al acecho. En cuanto a los musulmanes en casa: “Los musulmanes estadounidenses deben enfrentarse y”, escribe el novelista Edward Cline, “repudiar el Islam o permanecer en una silenciosa quinta columna”. Incluso musulmanes estadounidenses que ocupan altos puestos, como el congresista Keith Ellison (demócrata por Minnesota), están bajo sospecha. En una entrevista de la CNN de 2006, Glenn Beck dijo: “Me sentía nervioso pensando en esta entrevista con Vd. porque siento tener que decir cosas como: ‘Señor, demuéstreme que no está trabajando con nuestros enemigos’”.

Estos tres mitos de islamofobia florecen en nuestra época, al igual que lo hicieron hace un milenio, debido a una maliciosa confluencia del fundamentalismo islámico con el Islam mismo. Bill O’Reilly canalizó claramente este pensamiento cruzado cuando afirmó recientemente que “la amenaza musulmana al mundo no es algo aislado. ¡Es inmensa!”. Cuando el Subsecretario Adjunto de Defensa para Inteligencia William Boykin, en un infame sermón en 2003, tronó: “Lo que hago hoy aquí es reclutarte para que te conviertas en guerrero del reino de Dios”, estaba emitiendo un llamamiento cruzado a las armas.

Pero O’Reilly y Boykin, que representan la violencia, duplicidad y expansionismo de la mentalidad de los cruzados occidentales de hoy en día, estaban también invocando una tradición más reciente, más cercana en el tiempo y mucho más familiar.

El mito totalitario

En 1951, la CIA y la emergente elite anticomunista, incluyendo al que pronto sería presidente Dwight Eisenhower, crearon la Cruzada por la Libertad como componente clave de una creciente campaña de guerra psicológica contra la Unión Soviética y los países satélites bajo su control en el Este de Europa. El lenguaje de esta “cruzada” era intencionadamente religioso. Abarcaba a los “pueblos profundamente arraigados en la herencia de la civilización occidental que vivían bajo el aplastante peso de una dictadura sin Dios”. En su llamamiento a la liberación del mundo comunista, se hacían eco de la retórica cruzada de casi mil años de antigüedad para “reconquistar” Jerusalén y otros puestos de avanzada de la cristiandad.

En la teología de la Guerra Fría, la Unión Soviética sustituía al mundo islámico como el infiel en el que no se podía confiar. Aunque fuera inconscientemente, los viejos mitos cruzados sobre el Islam se trasladaron fácilmente a determinados supuestos sobre el enemigo comunista: los soviéticos y sus aliados deseaban apropiarse del mundo, no se podía confiar en su retórica de coexistencia pacífica, ponían en peligro la civilización occidental y luchaban con un salvajismo único y con voluntad de martirizarse a sí mismos en aras a conseguir un bien ideológico mayor.

Para colmo de ironías, los gobiernos occidentales estaban tan obsesionados con combatir este nuevo flagelo que, en los años de la Guerra Fría y en seguimiento de la teoría de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, se dedicaron a alimentar un Islam radical como arma. Como el periodista Robert Dreyfuss detalla hábilmente en su libro “The Devil’s Game” [El juego del diablo], la financiación estadounidense de los muyahaidines en Afganistán fue sólo una parte de la cruzada anticomunista en el mundo islámico. Para socavar a los izquierdistas y nacionalistas árabes que pudieran alinearse con la Unión Soviética, Estados Unidos (e Israel) trabajaron con los mullahs iraníes, ayudaron a crear Hamas y facilitaron la expansión de los Hermanos Musulmanes.

Aunque la Guerra Fría terminó con la repentina desaparición de la Unión Soviética en 1991, la forma de pensar de esa época –y la de tantos Guerreros del Frío que la ostentaban- nunca desapareció con ella. La mitología prevalente fue simplemente transferida de nuevo al mundo islámico. En la teología anticomunista, por ejemplo, la palabra más maldita era “totalitarismo”, utilizada para describir la esencia de todo lo que abarcaba al estado y sistema soviéticos. Según la glosa que aquella temprana neoconservadora Jeanne Kirkpatrick proporcionaba en su libro “Dictatorships and Double Standards” [Dictaduras y dobles raseros], Occidente tenía todas y cada una de las razones para apoyar dictaduras autoritarias de derechas porque se oponían tenazmente a las dictaduras totalitarias de izquierdas, las cuales, a diferencia de las autocracias con las que nos aliábamos, eran supuestamente incapaces de llevar a cabo reformas internas.

Según la nueva escuela “islamofascista” –y sus acólitos como Norman Podhoretz, David Horowitz, Bill O’Reilly, Pamela Geller-, los fundamentalistas eran sencillamente los “nuevos totalitarios”, retrógrados, fanáticos e incapaces de cambiar, igual que los comunistas. Para un tratamiento más sofisticado del debate islamofascista, echen un vistazo a Paul Berman, un intelectual liberal de tendencia derechista que ha intentado demostrar que los “musulmanes moderados” son fundamentalistas con traje de reformistas.

Estos Guerreros del Frío abordan todos ellos el mundo islámico como una masa indiferenciada –en espíritu, una moderna Unión Soviética-, donde los gobiernos árabes y los radicales islamistas trabajan codo con codo. Sencillamente, no consiguen entender que los gobiernos sirio, egipcio y saudí han lanzado sus propios ataques contra el Islam radical. Las marcadas fisuras entre el régimen iraní y los talibanes, entre el gobierno jordano y los palestinos, entre chiíes y sunníes en Iraq, e incluso entre los kurdos desaparecen todas en la licuadora totalitaria, al igual que los anticomunistas no conseguían distinguir entre el comunista de línea dura Leonid Brezhnev y el comunista reformador Mijail Gorbachev.

En las raíces del terrorismo, según Berman, están los “inmensos fracasos de coraje político e imaginación dentro del mundo musulmán”, en vez de las violentas fantasías de un grupo de posiciones extremas religiosas o las operaciones militares tipo Cruzada de Occidente. Es decir, algo ya defectuoso en el núcleo mismo del Islam es en sí responsable de la violencia perpetrada en su nombre, una línea argumental notablemente similar a la que hicieron los Guerreros del Frío sobre el comunismo.

Todo esto, desde luego, representa una imagen en espejo de los argumentos de al-Qaida acerca de la perversidad intrínseca del Occidente infiel. Al igual que durante la Guerra Fría, las líneas duras se refuerzan mutuamente.

La persistencia de los mitos cruzados y su transposición al marco de la Guerra Fría ayudan a explicar por qué Occidente es capaz de cargar con tantas ideas equivocadas sobre el Islam. Sin embargo, no explican el reciente repunte de islamofobia en EEUU después de varios años de relativa tolerancia. Para poder entenderlo, debemos volver a la tercera guerra inacabada: la Guerra Global contra el Terror o GWOT [siglas en inglés] lanzada por George W. Bush.

Avivando las llamas

El Presidente Obama puso buen cuidado en potenciar su imagen cristiana durante su campaña. Se le vio repetidamente rezando en iglesias y evitando aplicadamente las mezquitas. Hizo cuanto estuvo en su mano para borrar las huellas de identidad musulmana de su pasado.

Por supuesto, sus opositores hicieron todo lo contrario. Subrayaron que su segundo nombre, Hussein, desafiaba su inscripción de nacimiento y aseguraban que estaba demasiado próximo a la causa palestina. También intentaron volver a las circunscripciones liberales –especialmente a los judíos estadounidenses- en contra del presunto presidente. Al igual que Federico II en una generación anterior de fundamentalistas cristianos, desde que entró en la Oficina Oval, se ha convertido en el Anticristo de los islamófobos.

Una vez en el poder, rompió con las políticas de la administración Bush hacia el mundo islámico en unos cuantos aspectos. En efecto, siguió adelante con su plan para retirar las tropas de combate de Iraq (con algunas excepciones importantes). Ha intentado presionar al gobierno del Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu para que pare la expansión de asentamientos en los territorios ocupados palestinos y negociar de buena fe (aunque lo ha hecho sin ejercer el tipo de presiones que podrían haber dado resultado, como reducir o incluso cesar de exportar armas estadounidenses a Israel). En un muy publicitado discurso pronunciado en El Cairo en junio de 2009, se acercó retóricamente también al mundo islámico en un momento en el que estaba también eliminando la expresión “Guerra Global contra el Terror” del vocabulario del gobierno.

Sin embargo, para los musulmanes de todo mundo, la Guerra Global contra el Terror prosigue su curso. EEUU ha orquestado un incremento en Afganistán. La guerra de aviones no tripulados de la CIA en las fronteras pakistaníes sigue intensificándose velozmente. Las Fuerzas Especiales de EEUU actúan en estos momentos en 75 países, al menos quince más que durante los años de Bush. Mientras tanto, Guantánamo continúa abierto, EEUU sigue practicando las entregas extraordinarias y el asesinato sigue siendo un componente activo de la caja de herramientas de Washington.

Los civiles asesinados en esas operaciones de contingencia en el extranjero son en su mayoría musulmanes. Los seres a los que atraparon e interrogaron son fundamentalmente musulmanes. Los edificios destruidos son en gran parte de propiedad musulmana. Como consecuencia, la retórica de los “cruzados e imperialistas” utilizada por al-Qaida cae en oídos receptivos. A pesar de su discurso en El Cairo, los índices de popularidad de EEUU en el mundo musulmán, ya bastante sombríos, se han hundido aún más desde que Obama llegó al poder: en Egipto, han pasado del 41% en 2009 al 31% en la actualidad; en Turquía, del 33% al 23%; y en Pakistán, del 13% al 8%.

Las guerras, ocupaciones, asaltos y repetidos ataques aéreos de Estados Unidos han producido gran parte de ese descontento y, como el científico político Robert Pape ha defendido constantemente, también la mayoría de suicidios bomba y otros ataques contra las tropas y objetivos occidentales. Eso se llama venganza, no religión; como lo fue para los estadounidenses después del 11/S. Como el comentarista M. Junaid Levesque-Alam señaló astutamente: “Cuando tres aviones se precipitan contra iconos nacionales, ¿acaso se llenaron de rabia y odio los corazones estadounidenses sólo después de consultar los versículos bíblicos?”.

Y sin embargo, esas sombrías cifras de las encuestas no significan actualmente un rechazo a los valores de occidente (a pesar de las seguridades ofrecidas por los islamófobos de que reflejan exactamente eso). “Se han hecho numerosas encuestas”, escribe el encuestador Stephen Kull, “por parte del World Values Survey y el Arab Barometer, que muestran un fuerte apoyo del mundo musulmán a la democracia, a los derechos humanos y a un orden internacional basado en el derecho internacional y en unas Naciones Unidas fuertes”.

Es decir, nueve años después del 11/S, ha surgido un segundo repunte en la islamofobia y en los ataques de terroristas crecidos en casa, como el del supuesto terrorista de Times Square, a partir de dos presiones entrecruzadas: por un lado, las críticas estadounidenses a la política exterior de Obama creen que ha abandonado la lucha de civilizaciones más importante de nuestra época, mientras que por otro, desde el mundo musulmán muchos consideran la política exterior de la era Obama como una continuación, incluso como una escalada, de las políticas de guerra y ocupación de la era Bush.

Ahí radica la ironía: al lado del indiscutible aumento del fundamentalismo de las últimas dos décadas, aunque sólo unos pocos se decantaron por la violencia, el mundo islámico ha experimentado un cambio que se carga el chiclé de que el Islam ha impedido el desarrollo económico y político. “Desde los primeros años de la década de 1990, 23 países han desarrollado un buen número de instituciones democráticas, con elecciones limpias, con partidos políticos competitivos y vigorosos, mayores libertades civiles o mejores protecciones legales para los periodistas”, escribe Philip Howard en The Digital Origins of Dictatorship and Democracy. Turquía ha emergido como vibrante democracia y actor importante de la política exterior. Indonesia, el país que cuenta con mayor población musulmana del mundo, es ahora la mayor economía del Sureste Asiático, ocupando el puesto número dieciocho en la lista de economías más fuertes del mundo.
¿Están los islamófobos omitiendo esta historia de concordia del Islam dominante con la democracia y el crecimiento económico? ¿O son precisamente estos elementos (y no el islamofascismo protagonizado por al-Qaida) los que realmente les molestan?

Las últimas preocupaciones de los islamófobos dicen mucho a este respecto. Después de todo, Pamela Geller, actuó de forma típica al perseguir no a una mezquita radical sino a un centro islámico a dos manzanas de la Zona Cero propuesto por un partidario del diálogo interreligioso. Como escribe el periodista Stephen Salisbury: “La controversia sobre la mezquita no va realmente sobre una mezquita en absoluto; es sobre la presencia de musulmanes en Estados Unidos, y de la ansiedad y temor en libre flotación que ahora dominan la psique de la nación”. En su última ocurrencia, Geller está proponiendo un boicot a la sopa Campbell porque lleva certificación halal –la versión islámica de la certificación kosher de un rabino- de la Sociedad Islámica de Norteamérica, un grupo que, a propósito, se ha esforzado en denunciar el extremismo religioso.

Mientras tanto, Paul Berman ha dedicado su último libro, The Flight of Intellectuals [El vuelo de los intelectuales], ha deconstruir los argumentos no de Osama bin Laden o alguno de su calaña sino de Tariq Ramadan, el más importante teólogo de la corriente islámica dominante. Ramadan es un hombre firmemente comprometido en superar las viejas distinciones entre “nosotros” y “ellos”. Crítico de Occidente por el colonialismo, el racismo y otras enfermedades, también se enfrenta a las injusticias del mundo islámico. Esta muy lejos de ser un fundamentalista.

Y, a propósito, ¿qué país ha conseguido, más que cualquier otro, que haya más islamófobos europeos? ¿Pakistán? ¿Arabia Saudí? ¿el Afganistán talibán? No, la respuesta es: Turquía. “Los turcos están conquistando Alemania de la misma forma que los kosovares conquistaron Kosovo: utilizando las altas tasas de nacimiento”, argumenta el islamófobo alemán de turno Thilo Sarrazin, miembro del Partido Social-Demócrata de Alemania. La extrema derecha ha llegado incluso a unirse alrededor de un referéndum de alcance europeo para mantener a Turquía fuera de la Unión Europea.

A pesar de sus muchos defectos, al menos George W. Bush sabía lo suficiente para distinguir islam de islamismo. Al ir contra un centro islámico completamente normal, contra un erudito islámico perfectamente normal y un país islámico totalmente normal –todos ellos asentados en la corriente principal de esa religión-, los islamófobos han declarado actualmente la guerra a la normalidad, no al extremismo.

Las victorias del Movimiento del Tea Party y el incrementado poder de los militantes republicanos en el Congreso, por no mencionar el renacimiento de la extrema derecha en Europa, sugieren que vamos a tener que vivir durante algún tiempo con toda esta islamofobia y las tres inacabables guerras de Occidente contra el Resto. Las Cruzadas duraron cientos de años. Esperemos que la Cruzada 2.0 y la oscurantista etapa en la que estamos insertos tengan una duración mucho más corta.

John Feffer es co-director de Foreign Policy in Focus en el Institute for Policy Studies, escribe su columna regularmente en World Beat y en 2011 publicará un libro sobre islamofobia en City Lights Press. Pueden leerse sus ensayos más recientes en su página en Internet. Desea agradecer a Samer Arrabi, Rebecca Azhdam y Peter Certo toda la ayuda prestada en la investigación.
Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175317/tomgram%3A_john_feffer,_crusade_2.0/
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Basem Tajeldine: Dossier

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Basem Tajeldine

martes, 9 de noviembre de 2010

“El diablo está en los detalles” Comandante Chávez, lo cotidiano afecta más a la revolución

Un buen camarada me solicitó  publicar nuevamente el artículo que días atrás había anunciado bajo el titulo: “el día a día que pareciera no importar”. Para ello, y de forma genial, Holger Jórgensen, me convida a sustituir el titulo original por otro que llame la atención de mis lectores y del propio presidente Chávez para provocar las reflexiones pertinentes y profundas que sólo de forma muy sintética recojo en este escrito. Y es obvio que así suceda. Pues las reflexiones tienen que ser amplia y desarrolladas dentro y fuera del partido, por todos los revolucionarios. Claro es el dicho que expresa que “nadie dispone de todas las verdades”. Tomo las excelentes recomendaciones del camarada Holger y comparto nuevamente mi escrito.

El camarada Holger Jórgensen me propone iniciar nuevamente mi escrito aludiendo directamente al Comandante Chávez, y me entrega algunas ideas para remontarme al escrito original sin que modifique un ápice de lo anterior. Holger sugiere que inicie el artículo de esta forma: “Comandante Chávez, cuantas veces hemos oído decir de usted que el diablo aparece en los detalles, en las cosas menudas. ¿Será esta la razón por la que no hemos logrado remontar la cuesta y obtener mejores resultados en las elecciones? Si, los detalles… Esos pequeños y para muchos insignificantes detalles son los que el ciudadano común, sin importar su nivel educativo o “social”, a cada momento, a cada minuto tropieza en su camino… los ínfimos granitos de arenas que juntos van acumulándose hasta formar la enorme duna que se interpone entre el deseo de un verdadero y justo país, y los deseos de los que van a pulsar el boton de VOTAR… en ocasiones esa misma montaña nos hace desistir de votar”.

Y aquí va el artículo original. 
En el día a día la revolución está perdiendo la batalla. Si, es en el día a día; en lo cotidiano; en las calles por donde transita el pueblo; en los abastos y las panaderías donde el pueblo adquiere sus alimentos y compra su pan; en el comercio donde se provee de los insumos para satisfacer sus necesidades existenciales; en el lugar donde vive (en los barrios y las urbanizaciones); en las instituciones del Estado; dentro de sus hogares cuando enciende la TV. Es en el día a día donde la revolución pierde la batalla. Y es allí donde la habilidad destructiva de la canalla burguesía insiste e incide en la población, explotando, a través de sus medios de desinformación, las pequeñeces y los errores que se comenten dentro de la revolución. La grandeza de nuestras banderas, las grandes obras y los planteamientos justos de la revolución son ocultados por la canalla y nosotros contribuimos para ello.
Si, es en el día a día, cuando el pueblo despierta y sale a las calles para enfrentarse al mundo y hacer su vida; cuando se encuentra con los mimos huecos en las calles y Av. que han estado desde siempre allí. Cuando la basura sigue acumulándose al mismo ritmo en que la burguesía acumula más capital. Cuando el pueblo va al comercio en busca de alimentos y consigue que la especulación y la inflación provocada por el ladrón burgués, nuevamente, hizo mella de su ya precaria economía. Por la falta de seguridad. Cuando el pueblo se dirige a las instituciones del Estado y es victima del burocratismo despiadado que le impone el Estado burgués. Cuando enciende la TV. y se intoxica de tanta desinformación, de consumismo y de programas basuras, etc. Por todos estos males que parecieran insignificantes frente a las grandes obras que adelanta la Revolución Bolivariana, insistimos, es en el día a día donde se está perdiendo la batalla, y esto pareciera no importar. 
El pueblo no logra entender que los ineptos y saboteadores burócratas, que el corrupto funcionario publico y que el comerciante especulador, la inflación, los programas basura de la TV., etc., nada tienen que ver con la revolución y sus dignas banderas. Más, sin embargo, es con lo que se ve obligado a enfrentarse todos los días. El pueblo brega con estos problemas del día a día, mientras que la revolución padece de impavidez. Las grandes obras, las alianzas estratégicas y la macroeconomía, los Mercales, los Abastos Bicentenarios, etc. no inciden ni influyen tanto como los hechos cotidianos del día a día. El liderazgo del Comandante Chávez se ve comprometido también en el día a día.
El día a día pesa más para el pueblo que cualquier otra cosa. Allí hemos perdido la batalla y la seguiremos perdiendo a menos que la revolución se vuelque hacia adentro; a menos que la justicia lleve a prisión a los corruptos estén donde estén; a menos que los ministros aprendan a delegar responsabilidades y no continúen capitalizando cargos burocráticos y permitiendo que sus "amigos" realicen lo mismo; a menos que la dirección del partido PSUV se libere de la dirección del Estado; a menos que los escuálidos y oportunistas sean expulsados de todos los cargos públicos estratégicos que ocupan, y en su lugar sean colocados verdaderos cuadros revolucionarios; a menos que acabemos con el Estado burgués y se empodere al pueblo a través de las Comunas y Consejos Comunales, pero también a los trabajadores dentro de las empresas recuperadas por el Estado; a menos que se declare la guerra a muerte contra el especulador; se decrete control de precios y nuevos aumentos salariales; a menos que se detenga radicalmente a la inflación y el ladrón especulador atrapado infraganti sea llevado a la cárcel. ¿Dónde está metida INDEPABIS? ¿Por qué la Justicia venezolana no hace su trabajo? ¿Por qué CONATEL no hace su trabajo y se permite la defensa pública del ladrón especulador? ¿Por qué la Justicia y el Estado venezolano no actúan contra la impunidad? 

Si nuestra inédita Revolución Bolivariana, que se ve obligada a medirse en las urnas electorales de forma periódica, no se avoca a resolver los problemas que padece el pueblo en su día a día, no exageramos al decir que para las venideras elecciones presidenciales del 2012, dentro de 2 años (un espacio de tiempo que será aprovechado por el imperialismo norteamericano y las burguesías de Venezuela, Colombia y España para desestabilizar al país) el gobierno revolucionario podría correr la misma suerte que la revolución nicaragüense de los ochenta.
 
basemtch@gmail.com
@BasemTajeldine  artículo

Entrevista al Embajador de la República Islámica de Irán, Dr. Abdolreza Mesri, realizada por el Analista Internacional Basem Tajeldine



Entrevista al Embajador de la República Islámica de Irán, Dr. Abdolreza Mesri, realizada por el Analista Internacional Basem Tajeldine, en ocasión de las amenazas guerreristas US-Israelíes frente a las costas iraníes.

El pueblo de Irán está preparado para resistir ¡No tenemos miedo!

Por. Basem Tajeldine

Embajador de la República Islámica de Irán, Abdolreza Mesri.

Sobre el valiente pueblo de la República Islámica de Irán se cierne una peligrosa amenaza que podría conducir a la peor catástrofe de toda la humanidad. Una impresionante flota de buques y portaviones de guerra US-israelíes se encuentran emplazados frente a las costas de ese país amenazando. Mientras la Comunidad Internacional calla ante esta peligrosa provocación, el pueblo de Irán se prepara para lo peor. La arrogancia imperial no encuentra límites en su afán por disfrazar sus verdaderos intereses y objetivos ocultos tras las bayonetas. Los lobbys sionistas, el Complejo Militar Industrial que sostiene la economía domestica norteamericana, el control total de las impresionantes reservas petroleras iraníes, y por ende, el control del mercado petrolero para obligar la transacción mundial en la moneda Dólar ($), pero también el control del crecimiento económico de Irán y de los países de la región, particularmente de China e India, son entre otras las razones, los verdaderos fines que explican las acciones imperialistas. En la siguiente entrevista realizada al Embajador de la República Islámica de Irán, Abdolreza Mesri, trataremos sobre este y otros tópicos.


BT.- Embajador ¿Existe la posibilidad de una guerra contra Irán?

Las personas en distintas ocasiones y según las fuentes de las informaciones que manejan pueden dar muchas interpretaciones acerca de los diferentes hechos que se suscitan en el mundo. Nadie puede negar el peligro de que se desate una guerra contra nuestro país. Particularmente por los últimos eventos que se vienen suscitando contra nuestro pueblo; las más recientes movilizaciones militares US-Israelíes en el Golfo Pérsico, las declaraciones de algunos voceros, etc. Pero es necesario reconocer que EUA no se encuentra en posición de emprender una nueva aventura bélica en la región del Medio Oriente. La difícil situación que enfrentan en Irak y en Afganistán no les permite abrir un nuevo frente de batalla en Irán. Aunque quisieran, no pueden. Aquí surgen dos preguntas que ellos; el pueblo norteamericano y su dirigencia deberían hacerse y responder. En primer lugar: ¿Cuales son los objetivos logrados por llevar sus tropas a Irak y Afganistán? Y en segundo lugar: ¿Qué van a decirle a los padres y familiares de las miles de vidas de soldados norteamericanos que se han perdido sin motivos valederos? Desde la ocupación de esos territorios por las fuerzas militares norteamericanas, y de la OTAN, los daños a su población: los muertos civiles inocentes, sobre todo de mujeres y niños, se han multiplicado por mil. La producción de la droga en Afganistán se ha multiplicado en más del 40% según cifras internacionales. Por supuesto, la droga producida en ese país no sólo amenaza a Irán, sino también a todo el mundo, sobre todo a Europa: su mayor mercado. Esta guerra es un fracaso total. Pero también deben saber que Irán no es Afganistán ni mucho menos Irak. Cuando nuestra revolución apenas era una bebe nos impusieron una guerra desde Irak que era apoyada por todas las potencias, e incluso por países de la región. Todos ayudaron al régimen de Saddam Hussein con logística y armas tecnológicamente avanzadas. Nosotros resistimos y logramos la victoria. Es importante que sepan que Irán en los últimos 200 años nunca ha iniciado una guerra. Pero no tengan dudas, si ellos la iniciaran hoy, quienes la terminarían no serían precisamente los EUA ni el régimen sionista. No. Ellos no pueden iniciar una guerra y terminarla cuando quieran. Respetamos los intereses de todos en la región, pero en caso de que nos llevasen a una aventura bélica; una guerra, entonces, nosotros si pondríamos en peligro todos sus intereses. (-Es importante señalar que por el estrecho de Ormuz circula más del 60% del petróleo producido por los países de la OPEP. En la región se encuentra ubicada toda la infraestructura necesaria para la producción y el transporte de crudo que serían seriamente afectadas de desatarse la guerra-) esto sería para ellos un costo muy difícil de soportar.

BT.- Lo cierto Embajador, se encuentran emplazados en el Golfo Pérsico varios buques y portaviones de guerra preparándose para atacar a Irán en cualquier momento. Pareciera ser inminente la guerra. Más aun, por todas las noticias que circulan en los medios internacionales; por las últimas declaraciones de los responsables militares. El Comandante Fidel señalaba que, a la requisición del primer barco mercante iraní por las tropas norteamericanas y sionistas “podría desatarse una guerra de alcance impredecible”, incluso, de carácter nuclear.

AM.- Esas movilizaciones militares no son nada nuevo para nosotros. En los últimos 30 años, e incluso antes de la victoria de la Revolución Islámica en Irán, hemos visto esas mismas movilizaciones militares que han pretendido intimidarnos con su arrogancia y prepotencia característica. Pero estamos preparados para enfrentar las peores de todas las situaciones. ¡No tenemos miedo! Y eso lo hemos demostrado en repetidas ocasiones en nuestra historia. Si hace unos años cuando la revolución era apenas una bebe que necesitaba de mucho cuidado, y derrotamos las pretensiones imperialistas que utilizó y armó a nuestro vecino (Irak) contra nuestra revolución (-Se refiere a la Guerra Irán-Irak, iniciada a un año después del triunfo de la Revolución Islámica de Irán, en 1980, apoyada por los EUA, que duró ocho largos años, y fue saldada con más de un millón de muertos distribuidos entre ambos bandos-) Hoy nuestra revolución tiene 30 años y es una joven fuerte. Estamos más preparados que antes. No tengan duda que estamos dispuestos a enfrentar los mayores de todos los sacrificios por hacer que se respete nuestra soberanía territorial y por alcanzar el pleno desarrollo económico, científico y social de nuestro pueblo.

BT.- Imaginemos que se suscite una agresión directa por parte de las fuerzas militares US-Israelíes emplazadas en la región. ¿Cuales serian las consecuencias para toda la región y el mundo, además, como reaccionaría el pueblo y su gobierno ante ese hecho?

Lo hemos dejado muy en claro. Estamos preparados para resistir a la agresión. Tenemos nuestras propias provisiones. Y como es muy lógico, mientras no ocurra una agresión que sólo podrían iniciar ellos, no vamos a anunciar lo que les tenemos preparado; nuestros planes y recursos disponibles para defendernos y enfrentar a los enemigos del pueblo iraní. Pero ellos conocen en parte nuestro poder y alcance. Lo que si podemos decirles es que, hoy en día, la guerra no sirve para nada. Por ejemplo ¿Que lograron los sionistas en la guerra contra el pueblo de Gaza en el año 2009, o contra Líbano en el año 2006? Lo único que si lograron es fortalecer al Hezballah, por supuesto. La resistencia libanesa y palestina tenía la fe y la moral en alto, y resistieron. Pero en nuestro caso, además de tener la fe y la moral en alto, tenemos las posibilidades para hacer frente y propinarles a los enemigos un daño insoportable. Irán cuenta con más de 20 millones de milicianos movilizados y preparados para responder. Y esa es nuestra mayor fortaleza. Pero no vamos a recomendarles esa acción. Lo que en realidad pretenden los EUA es darle una respuesta los sionistas.
Irán se encuentra 100% preparado para la resistencia. Muchas de nuestras provisiones, armas, y planes que hemos preparado todavía no la hemos anunciado al mundo. Y esperamos que nunca tengamos que usarlas. Nosotros valoramos mucho al ser humano. Nuestra religión se fundamenta en el respeto a los seres humanos. Incluso respetamos hasta nuestros propios enemigos.

BT.- Embajador, en cuanto la energía nuclear ¿Es un capricho o una necesidad para Irán su desarrollo en este campo?

AM.- Cuando se habla sobre el tema de la energía nuclear quisiera aclarar algo; que nuclear no significa sólo energía sino también ciencia. Recordemos que ella es utilizada en el área de la medicina, la agricultura, entre otras. Además nuestro país cuenta con 70 millones de habitantes, y las precipitaciones (lluvias) son muy escasas, apenas cerca de 180 mm al año. Entonces necesitamos una energía segura para nuestro desarrollo. Sabemos, el petróleo es un recurso no renovable y se agota en todo el mundo. También necesitamos desarrollar nuestro país y preservar el medio habiente. Existe una Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) y un tratado para la No Proliferación de Armas Nucleares, Irán es firmante y participe de ambas instituciones.
Irán tiene más de 40 años como miembro de la AIEA. El primer reactor de Teherán fue instalado por los norteamericanos hace 35 años. La primera Central Nuclear fue instalada por los alemanes hace más de 30 años. Hasta el año pasado, el combustible del reactor nuclear iraní era proporcionado por esos países. Por ello no comprendemos el doble estándar de esas potencias. Es nuestro derecho y deber ser autosuficientes en materia de energía. Muy recientemente fue celebrada en Irán una conferencia sobre el tema de la energía nuclear. Cerca de 50 países estuvieron presentes en nuestro país. El objetivo de esa conferencia era uno, y muy claro: “energía nuclear con fines civiles para todos y bomba atómica para nadie”. Todos nos preguntamos: ¿Por qué EUA y el régimen sionista están multiplicando sus arsenales nucleares? A quienes se les deberían condenar son a los países que si han producido las bombas atómicas y utilizadas contra la población civil. El imperialismo norteamericano es el único país que lo ha hecho. Por otro lado, en nuestra ideología y religión está expresamente prohibido el uso de la bomba atómica.
Irán es un país al que todas sus actividades nucleares siempre han vigilado la AIEA. Incluso sus cámaras se encuentran dentro de todas nuestras instalaciones y encendidas las 24 horas, todo el año. Son los poderes mediáticos de las cadenas sionistas quienes han estado vendiendo al mundo una mala imagen de nuestro país y de nuestros sinceros propósitos. En cambio, el régimen sionista produce bombas atómicas, no ha permitido las inspecciones de la AIEA y tampoco es firmante del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Muy por el contrario es Irán, que sí es firmante de todos esos tratados. Es importante recordar que el régimen sionista israelí es el único que si ha atacado a los países vecinos de la región; ha robado sus territorios y amenaza con usar sus armas atómicas, pero nunca ha sido protestada por los EUA ni la UE. Repetimos, Irán en más de 200 años no ha atacado a nadie, sólo hemos ofrecido nuestra ayuda para el desarrollo de los pueblos de la región.

BT.- Embajador ¿Por qué entonces las potencias del norte no aceptaron los acuerdos firmados entre Turquía-Brasil-Irán?

AM.- Todos nos hacemos esa misma pregunta. Recordemos que antes de esos acuerdos existió una comisión negociadora que se puso en contacto con Irán, eran los famosos 5 más 1, pero, contrariamente, su objetivo era no alcanzar algún acuerdo en esas negociaciones. Sin embargo, apareció en el escenario Turquía y Brasil, e inmediatamente se logró el acuerdo que todos conocemos. Pero tan pronto surgió este acuerdo, en la ONU se prepararon un conjunto de unas nuevas sanciones contra nuestro país. Nadie se explica qué ocurrió. Por qué el Consejo de Seguridad hizo lo que hizo. Por qué el castigo contra nuestro pueblo. En realidad esas potencias arrogantes buscan justificar sus agresiones para chantajear a nuestro pueblo.

BT.- El imperialismo tiene un plan para el Medio Oriente. Fragmentar y dividir aun más a esos pueblos y países. Pero la arrogancia imperial ha provocado un efecto contrario. ¿Existe una nueva configuración geopolítica en el Medio Oriente?

La época en que el imperialismo determinaba las políticas de otro país sometido a sus designios se esta terminando. Más yo afirmaría: ¡Se ha terminado! Los pueblos del mundo están conciente de ello. Por supuesto, el deseo de los sionistas es llegar a ese objetivo: cambiar el mapa geopolítico del Medio Oriente, pero muy tarde entraron en cuenta de que era imposible alcanzar esos objetivos por medio de la guerra. La guerra contra el Líbano en el 2006 fue la mayor lección que recibieron los sionistas, y quienes les estaban resistiendo era el pueblo movilizado y unos pocos combatientes del Hezballah dotados con armas simples frente a la “poderosa” tecnología que disponen los sionistas. El Hezballah logró derrotar a uno de los ejércitos más grande y dotados del mundo, desde entonces, se derrumbo ese poder artificial y arrogante. Ahora los sionistas buscan desesperadamente reconstruir su personalidad, no me refiero a su identidad porque la identidad de los sionistas todo el mundo la conoce: es el genocidio y la agresión contra todos los pueblos de la región. La personalidad hegemónica y de superioridad en la región es lo que buscan reconstruir. Pero nunca más lograran.
BT.- ¿Por qué entonces el empeño norteamericano y sionista por agredir a Irán?

AM.- Es natural. Primero quiero resaltar que la actual posición del gobierno de los EUA es darle una respuesta al lobby sionista. Los sionistas son muy poderosos y ejercen mucha influencia y hacen uso de su poder de chantaje dentro de ese país. Lamentamos mucho por el pueblo norteamericanos que eso les esté ocurriendo; que sus autoridades estén siendo sometidas y chantajeadas por los lobbys sionistas, y que sus locuras les procuren muchos hijos y padres (soldados) que pierden la vida defendiendo intereses ajenos.
Antes de la Revolución Islámica de Irán existía un régimen títere que gobernaba en nuestro país: el Sha Reza Palavi era el mejor aliado de los EUA y Israel en el Medio Oriente. Es importante recordar que Irán le suministraba petróleo a Israel, pero ya lo han perdido todo. Es lógico explicarse el por qué ahora quieren destruir la revolución iraní. El régimen del Sha no buscaba la justicia social interna, no defendía el derecho de todos los musulmanes, no respetaba los derechos humanos, estaba alineado a los intereses del imperialismo contra todos los pueblos hermanos de la región. Hoy nosotros defendemos los derechos legítimos de todos los pueblos del mundo. Nosotros apoyamos a los pueblos hermanos de la región, y eso no lo permite el arrogante imperialismo norteamericano y el régimen sionistas.

BT.- Hay muchas coincidencias entre la Revolución Bolivariana de Venezuela y la Revolución Islámica de Irán; luchamos por los derechos soberanos de nuestros pueblos, justicia social y la unión de los pueblos de la región. Cada país con su estilo. Además, compartimos un mismo enemigo: el imperialismo norteamericano y el sionismo internacional que en el fondo es uno: el capitalismo.

AM.- Así es. Antes de la Revolución Bolivariana, Venezuela se encontraba atada a los designios del imperialismo norteamericano. Sus gobiernos cedían al chantaje imperialista. Pregunto ¿Después de la muerte de Simón Bolívar, y antes de la Revolución Bolivariana, donde están los logros alcanzado por el pueblo venezolano en tantos años de dominio imperialista? ¿Se redujeron las brechas entre pobre y ricos? No. Lo que si obtuvieron los venezolanos fue más dependencia y subdesarrollo. De pronto ha surgido un Presidente, Chávez, de las entrañas de ese mismo pueblo. Sabemos, el proviene de los estratos sociales históricamente más explotados, y hoy Chávez se empeña en recuperar la senda bolivariana para desarrollar a su país y darle justicia a su pueblo. Por ello Chávez es digno de admirar e imitar. Es lo que más teme el imperialismo y sus aliados: su ejemplo. Es natural que el imperialismo y los apátridas se opongan al Presidente Chávez, porque están perdiendo todos sus insanos intereses. En Irán ocurrió lo mismo. De allí nuestras coincidencias. Los sistemas capitalistas que oprimían a nuestros pueblos, y nuestros enemigos, son los mismos. Después de la revolución hemos dado un salto cualitativo impresionante. Hoy poseemos un desarrollo tecnológico importante y lo hemos puesto al servicio del pueblo de Venezuela. Nuestros científicos son de los más destacados del mundo. Contamos con desarrollos y descubrimientos propios. Hemos puesto satélites en el espacio y pronto enviaremos un hombre al espacio. Por todo esto representamos una amenaza para el imperialismo.

BT.- ¿Cual es la exigencia de Irán a la Comunidad Internacional?

AM.- Nosotros tenemos dos definiciones de Comunidad Internacional. Por un lado existen 192 países del mundo que conforman a la llamada Comunidad Internacional de la ONU, reunidos en la Asamblea General (AG), pero, por otro lado, existe un llamado Consejo de Seguridad (CS) de la misma ONU conformada por 15 países de los cuales sólo 5 de ellos (EUA, Francia, Reino Unido, Rusia y China) poseen el infame derecho a veto. Esa es una estructura artificial, antidemocrática e ilegitima, que representa una ofensa para todos los pueblos del mundo. Cuando los 192 países aprueban alguna resolución en la AG que contradiga los intereses de cualquiera de los miembros del CS con derecho a veto, sólo basta con que ese país ejerza ese infame derecho para echar por la borda la mejor y más conveniente todas las resoluciones. Es una ofensa que un país tenga el derecho para echar a perder la voluntada de todos los países del mundo. Es conocido que la mayoría de los países del mundo han apoyado el derecho soberano de Irán a desarrollarse haciendo uso de la energía nuclear de forma pacifica. Es por esa razón que la infame estructura del CS debe ser modificada y anulado el poder de veto. Ya no estamos en los tiempos de la 2da Guerra Mundial. En ese CS de la ONU deberían estar representados todos los países del mundo. Y ella debe estar ubicada en otro lugar, lejos de los EUA, o rotar de lugar. Nadie quiere tener un amo.