Por.
Basem Tajeldine
Voces
Contra el Imperio
El
fracasado régimen neo-otomanista que gobierna actualmente en Turquía nunca
imaginó que algún día iba a cosechar las tempestades por la violencia que ha
contribuido a sembrar en la región.
La
crisis económica, política y social que hoy embarga a Turquía no arroja
perspectivas de salida. La incertidumbre se ha apoderado del pueblo turco, y
comienza a ser reconocida por varios medios europeos, incluso, por el propio el
Banco Mundial:
El crecimiento durante el primer trimestre se
quedó en el 2,3% del PIB y se estima que no llegará al 2,5% en todo el año, muy
lejos del objetivo del 4% fijado por el Gobierno. El Banco Mundial ha reducido
unas décimas las previsiones de crecimiento para Turquía en 2016 y 2017,
situándola en el 3,5 %, una cifra insuficiente, según los expertos, para asumir
la ingente mano de obra que cada año se suma al mercado laboral de este país
con una población muy joven. Así, los economistas han incluido a Turquía —junto
a Brasil, Sudáfrica, Indonesia e India— en los Cinco Frágiles, países
caracterizados por un importante déficit por cuenta corriente, una producción
industrial en retroceso, creciente desempleo, un PIB debilitado y una divisa
que se deprecia rápidamente [1].
El error de Erdogan
El
régimen neo otomanista de Turquía ha debido estudiar mejor la historia de su
propio país, y de la región, para no cometer los mismos errores del pasado. Siempre
que ha metido sus narices en ella, ha provocado grandes desgracias, y se ha
contagiado. Reza un dicho popular "cuando veas arder las barbas de tus
vecinos, coloca la tuya en remojo".
Era
solo cuestión de tiempo para que el caos que sumerge a casi todos los pueblos
del Medio Oriente y Norte del Africa (sirios, iraquíes, egipcio, libio entre
otros) afecte también a Turquía. El criminal Tayyip Erdogan cegado por sus
ambiciones de poder y la ignorancia brutal de la historia, destapó la caja de
Pandora al romper su pacto de "cero problemas con los vecinos" y
prestarse al juego de la OTAN para que su país sea utilizado como campo de
entran a miento y tránsito para los terroristas del Daesh-ISIL y Frente Al
Nusra (Al-Qaeda).
El
estúpido Erdogan cayó en la trampa de la OTAN, creyendo que sus gobiernos
cumplirán con la "promesa" de integrar a Turquía a la decadente Unión
Europea y zona Euro. Apostó a perdedor.
Hoy
Turquía se encuentra amenazada desde dentro y fuera. El pueblo turco protesta
porque los terroristas engendros de Erdogan y sus aliados wahabistas y
sionistas (Israel), han ejecutado acciones contra propios ciudadanos turcos y
kurdos. También protestan contra las políticas islamistas y neoliberales de su
gobierno que han fracturado a la laica sociedad turca: suníes contra alevíes,
laicos contra suníes, y empobrecido a muchos.
El
copresidente del HDP, Selahattin Demirtas, la cuarta fuerza política en las
elecciones del pasado 7 de junio, aseguró que "el primer ministro en
funciones de un Gobierno en funciones lleva el país paso a paso a una enorme
guerra civil. Turquía se está hundiendo en las ciénagas de Oriente Medio por los
errores de su política siria".
Demirtas insinuó que la decisión de involucrarse
en el norte de Siria y de hacer saltar por los aires el proceso de paz con el
PKK no ha sido tomada por el Estado turco sino del Palacio (residencia del
presidente, Recep Tayyip Erdogan, fundador del AKP). El Palacio ha fundado un
Estado propio aparte. Tiene sus propios servicios secretos, sus financias, sus
fuerzas armadas, su judicatura, sus medios y sus medios sociales", aseguró
el dirigente del HDP [2].
El
Intelectual francés, presidente-fundador de la reconocida Web Red Voltaire,
Thierry Meyssan sugiere que no perder de vista la transformación que ha sufrido
Turquía en estos últimos 4 años que la dirigen hacia un destino incierto. Al
respecto señala que
Al implicarse en la guerra contra
Libia, Turquía perdió uno de sus principales clientes –la propia Libia–,
sacrificio que además resultó totalmente inútil en la medida en que ese cliente
se volvió completamente insolvente. Sin embargo, su implicación en la guerra
contra Siria, aunque fue menos dramática ya que el mercado común
siro-irano-turco aún se hallaba en estado embrionario, también representó un
duro golpe para su economía. Las consecuencias conjugadas de ambas guerras
interrumpieron el crecimiento de Turquía, que ahora está a punto de registrar
cifras negativas. Además, parte de la economía turca se basa actualmente en la
venta de productos fabricados por grandes marcas europeas y desviadas de los
circuitos comerciales legales. Este contrabando masivo incluso está afectando
ahora la economía de la Unión Europea. Para lograr conquistar el poder, Recep
Tayyip Erdogan se protegió de un golpe de Estado militar recurriendo al arresto
de oficiales superiores a quienes acusó de conspirar contra el Estado. Al
principio, Erdogan arremetió contra las redes Gladio de la OTAN (cuya versión
turca se conoce como Ergenekon) [13]. Después, Erdogan hizo arrestar a los
oficiales que –con el fin de la guerra fría– sopesaban un cambio de alianza y
se habían puesto en contacto con el Ejército Popular Chino. Para sacarlos de
circulación, Erdogan acusó a esos oficiales de ser miembros de Ergenekon, lo
cual no tenía ningún sentido [14]. Como resultado de estas purgas, la mayoría
de la oficialidad superior turca ha sido arrestada y encarcelada. Como
consecuencia de ello, las fuerzas armadas están actualmente debilitadas y la
OTAN ha perdido el interés que antes tenía en ellas. Por otra parte, la
política islamista de la administración Erdogan ha dividido profundamente el
país y sembrado el odio entre laicos y laicos, al igual que entre las
comunidades sunnitas, kurdas y alevíes de Turquía. Esto hace posible, en este
momento, el paralelo que yo establecía con el escenario egipcio hace más de un
año. Turquía se ha convertido en un barril de pólvora y una chispa bastaría
para hacerlo estallar en una guerra civil que ya nadie podrá detener y que
asolará el país por largo tiempo [3].
El
régimen de Erdogan fracasó en las pasadas elecciones parlamentarias del 7 de
junio al no obtener la mayoría necesaria en la misma para formar gobierno. Actualmente,
ninguna agrupación política ha querido arriesgar su capital político para
formar coalición con su partido islamista de Erdogan (AKP). Todo indica que en
las futuras elecciones tiene muy pocas posibilidades de recuperar la mayoría en
el parlamento para asegurar la continuidad de su gobierno, lo que explica su
insistencia para, junto a Estados Unidos, crear el “corredor aéreo humanitario”
en territorio sirio que le permita socorrer a los terroristas del Daesh-ISIL en
ese país y mantener los ataques contra el PKK (guerrilla kurda), como excusa para
generar un conflicto mayor en la región que le permita gobernar por “Casus
bellis (motivo de guerra)”.
Nadie
sabe hasta qué punto las divisiones internas en Turquía, la crisis económica y
el caos que ha contribuido a provocar en la región podrían hacer estallar una
guerra civil en ese país. Pero todos coinciden en la amenaza es real.
Fuentes:
[1] Prueba de fuego para Turquía
[2] Guerra civil en Turquía
[3] Turquía en Peligro.
Por. Thierry Meyssan
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